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La medida de un Tribunal

Hoy se ha publicado la composición del Tribunal del proceso de auxiliar administrativo del Ayuntamiento de Zaragoza, que es la misma que la del proceso pasado y la de los últimos procesos de TMG. También se han publicado veintitantos Tribunales más. Así que es un buen día para reflexionar sobre qué hace que un Tribunal sea un buen Tribunal y cumpla efectivamente con su función.

Hay muchas personas que no ven con buenos ojos que sea el mismo Tribunal en auxiliares y TMG proceso tras proceso, y plantean que debería hacerse una rotación como ocurre por ejemplo con las plazas de Técnico de Administración General.

Pero a la hora de valorar qué es lo más importante que se le puede pedir a un Tribunal, nosotros tenemos claro que lo esencial se reduce a dos cuestiones: que sepa mantener la más más estricta imparcialidad en el proceso y que los exámenes estén bien hechos. Eso es lo esencial. Todo lo demás es secundario.

La imparcialidad se refiere al hecho de que no haya filtraciones, amiguismos, colegueos ni inquinas personales que tengan efecto alguno en el desarrollo del proceso. La presunción debe ser siempre de imparcialidad y profesionalidad en los miembros del Tribunal salvo que se demuestre lo contrario, cosa que de momento no ha pasado, por lo que esperamos una misma línea de imparcialidad que la seguida hasta ahora.

Los exámenes bien hechos se refiere a que, por ejemplo, las preguntas sean claras, inequívocas y correctamente fundadas en Derecho. La aplicación estricta del Protocolo de actuación de los miembros de tribunales del Ayuntamiento de Zaragoza fue sin duda un paso en la dirección correcta aunque todavía hay margen de mejora en cuanto a su aplicación efectiva no sólo en lo relativo a la ortografía o puntuación de los exámenes sino sobre todo en cuando a la correcta redacción de las preguntas y opciones de respuesta para ser conformes con la Ley sin dobles interpretaciones insalvables para el aspirante incluso con la Ley en la mano.

Por supuesto esto también implicaría que, en caso de que una pregunta estuviera mal redactada, careciera de fundamentación sólida, se basa en normativa derogada o simplemente ha habido una errata al copiar y pegar que da lugar a error, deban valorarse y en su caso admitirse las alegaciones correspondientes sin demasiado drama. No pasa nada por asumir errores, todos los cometemos, pero el correr con las fases del proceso nos puede llevar a una indefensión que ponga en peligro el proceso en su conjunto si las cosas no se fundamentan sólidamente.

Eso es en realidad lo único que esperamos, que no es poco, pero que es lo suficiente para dar por buena la actuación de un Tribunal, éste y cualquier otro.

No se trata por lo tanto de pedirle a los Reyes Magos que lo pongan muy fácil o muy difícil. El mejor Tribunal no es el que pone preguntas fáciles. De nada sirve que las notas en términos de número absoluto queden muy altas si al final las plazas son las que son. El Tribunal ideal es aquél que es capaz de diseñar un proceso en el que los mejor preparados, los más cualificados, los que de verdad han dado el callo y son más merecedores en los términos constitucionales de igualdad, mérito y capacidad son los que superan el proceso.

Esa correlación entre el nivel de estudio y el resultado final es la verdadera prueba del éxito de un Tribunal.

El listón está alto, pero por eso es uno de los más honrosos puestos que un funcionario puede tener, y como sabemos que este blog tiene amplia difusión, aprovechamos simplemente para desear acierto y buen hacer en esta meta a los miembros de los diferentes Tribunales nombrados hoy.

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